Las minas de Potosí, entre la Historia y la leyenda

[ 9 ] | Javier Gómez

Minas de Potosi

Minas de Potosí

“Valer un potosí”, dicho muy popular y quizás en desuso, por el que se refería a un objeto como algo de muchísimo valor. Seguro que más de uno lo habréis oido, sobre todo en nuestras pasadas generaciones, fueran padres o abuelos. Y es que este dicho se remonta a muchas decenas de años atrás, probablemente a nuestra época colonial, cuando las riquezas que se traían ( o que se expoliaban, según se mire ) de las Américas (cómo se decía antes) refulgían en los ojos de los grandes terratenientes. Y no había mejor ejemplo de aquellas riquezas americanas que las provenientes de las minas de Potosí.

Hoy día Potosí se encuentra al sur de Bolivia, aunque hace ya varios cientos de años se encontraba en territorio peruano. La cuestión es que la Historia de esta Villa se entremezcla con las viejas leyendas, dichos éstos que han pasado los años de boca en boca y que han tejido un extraño manto de niebla donde lo fantástico y lo real se dan la mano.

El 1 de abril del año 1.545 las tropas españolas comandadas por Juan de Villarroel tomaron posesión de las minas de Potosí “en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y del Emperador de Alemania, España y los Reinos del Perú, el señor Don Carlos”. Bajo esa protocolaria forma la Corona española que por aquel entonces regentaba Carlos I de España y V de Alemania se hizo con los dominios de un cerro, la legendaria montaña Sumaq Orcko (Cerro Rico en quechua), famosa por sus riquísimas vetas de plata que practicamente se encontraban casi en la superficie.

Si bien aquello fue Historia confirmada, ya no lo es tanto, aunque se acepte, su origen. Dicen que fue un pastor quechua, Diego Huallpa, quien descubriera aquellas vetas de la forma más insólita. Estando con su rebaño de llamas, acampó en las faldas del cerro, y encendiendo una hoguera, se quedó dormido junto a ella. Cuando amaneció, la fogata se había apagado pero las brasas, aún calientes, dejaron al descubierto unas vetas de plata en la superficie del suelo.

Sin embargo, esta Historia se contradice bastante con aquella otra en la que se menciona que los incas, anteriores a esta leyenda, ya conocían la existencia de estas minas de plata. Cuenta esta segunda leyenda (o Historia) que en la época prehispánica, el emperador inca Huayna Cápac se fijó en el color rojizo de este cerro y sospechó de la existencia de piedras preciosas. Ávido de riquezas para su pueblo, envió a sus súbditos a excavarlo y fue entonces cuando una tremenda explosión recorrió las entrañas de la cima. De su interior surgió una voz que dijo “esta plata no es para vosotros, sino para quienes vendrán de más allá”. Suena sospechosamente a dicho católico de aquel entonces que buscaban amedrentar a los indígenas, desde luego, pero lo cierto es que aquella explosión le dio el nombre a la cima que los incas llamaron “P’utuqsi“, de donde se derivó su nombre actual, Potosí.

Años después, tras el descubrimiento “oficial” de aquellas minas, a las faldas de aquella montaña creció una ciudad próspera que acabó por convertirse en una de las más transitadas y ricas de toda América en aquellos tiempos. Y tanto fue así, que en pleno siglo XVII, en todo su apogeo comercial, llegó a competir en tamaño con algunas de las más grandes ciudades europeas. Con sus más de 150.000 habitantes, llegó a tener más población que Londres, París o Sevilla, grandes centros comerciales europeos de la época.

Potosi

Potosí, con el Cerro Rico al fondo

UN POCO DE TURISMO

Como tantas ciudades de esta parte de América, Potosí destaca por su monumentalidad, reflejo de su pasado colonial. La Casa de la Moneda no sólo guarda uno de los mejores archivos coloniales de la zona, sino que además es uno de los monumentos más reconocidos. Igual ocurre con su catedral en estilo gótico. Destacan también la Iglesia de San Francisco y la de San Lorenzo, así como la Torre de la Compañía, convento del siglo XVII, construido en los tiempos de máximo esplendor de la ciudad.

Sin embargo, como turistas debéis advertir algo importante, y es su altura. Potosí es la cuarta ciudad más alta del mundo (aunque otros la consideran la segunda) a casi 4.000 metros de altitud. Eso os requerirá de un tremendo esfuerzo físico por las dificultades que, para los no acostumbrados, supone el respirar a tanta altitud.

Potosí, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 1987 y cuenta con unos 160.000 habitantes, es la capital del departamento boliviano de Potosí, y su nombre completo es Villa Imperial de Potosí.

Foto 1 vía: GabrielBernat
Foto 2 via: Gerd Breitenbach

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Category: Turismo e Historia en America

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Comentarios (9)

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  1. Adalberto dice:

    Excelente entrada,

    Alrededor de esta ciudad se han inventado mitos dignos de la época, donde las palabras no daban para explicar lo que se veía en la extraña y misteriosa América, ahora solo hacen parte del alma popular aunque como bien lo dices ya poco se escucha eso de “vale un Potosí”.

    Saludos

  2. grace dice:

    Me parece un informe completo,sintético y sencillo de comprender y recordar.

  3. Carlos XV dice:

    Cuantos indígenas murieron en el saqueo? Cuanto debe España a este pueblo?.

  4. cristian dice:

    saludos desde el tolima

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