La Isla de Pascua, la pequeña Rapa Nui

[ 0 ] | Javier Gómez

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La isla de Pascua, Rapa Nui, y sus moais

Época de descubrimientos, de aventuras, de grandes gestas, de grandes conquistadores que buscaban dejar su nombre grabado en oro en los libros de Historia con el descubrimiento de nuevos territorios virgenes y de rutas que aportaran riquezas y fama. Descubierto el Nuevo Mundo los ojos se habían vuelto hacia la mítica ruta que llevaba a la Terra Australis, un fabuloso continente meridional que había aparecido en marcados mapas europes de entre los siglos XV y XVIII.

Cuando Jakob Roggeveen comenzó su aventura en busca del mítico continente perdido, poco podía imaginar que su descubrimiento diferiría tanto de lo que él tenía proyectado. Fue su padre quien le inculcó la idea de esta aventura. Astrónomo aquél, consiguió una patente que le permitió organizar una expedición que le llevara hasta la codiciada Terra Australis.

Fue posteriormente la Compañía de las Indias Orientales quien encargó a Roggeveen la construcción de tres barcos que lo llevaran en su recorrido marino. En agosto de 1721 el holandés se echó a la mar al frente de estos tres barcos, el Arend, el Thienhoven y el Afirkaansche Galey. Acababa de cumplir los 62 años cuando sus barcos giraron la punta sur de Sudamérica y se adentraron en el Pacífico.

En su trayecto se encontró con una extraña isla en la que sobresalían unas colosales estatuas con forma de cabezas y hechas de piedras volcánicas. Era el domingo de Pascua, el 5 de abril del año 1722.

Precisamente fue esta circunstancia la que marcaría el nombre de esta isla, Rapa Nui, la Isla de Pascua.

Él no se introdujo a fondo en la isla pero si alcanzó a ver aquellos gigantescos moais. Él calculó que tendría entre 2.000 y 3.000 habitantes indígenas, pero que probablemente su número había sido muy superior años atrás.

Sin embargo,m en su trayecto de regreso, en Batavia, Roggeveen fue apresado y encarcelado por orden de la propia Compañía de las Indias Orientales por haber quebrantado el monopolio que éstas tenían en la zona. Tras aquellos problemas, el holandés regresó a su tierra y se dispuso a escribir el relato de aquel fabuloso descubrimiento por el que pasaría a la Historia.

Desgraciadamente, las enfermedades y la presencia de grandes barcos españoles que buscaban esclavos hizo que la población indígena practicamente desapareciera. Así, cuando la isla fue incorporada a Chile, en el año 1888, su población apenas alcanzaba los 100 habitantes.

A más de 2.000 kms. de la Polinesia y a casi 3.800 kms. de Chile, esta pequeña isla de apenas 163 km2 reposa tranquila ahora en el Oceáno Pacífico. Sin embargo, aún, en sus entrañas siguen conservando ese halo de misterio y quizás, tristeza que desprenden sus estatuas, los moais. Estas esculturas que, hoy día, forman parte del Parque Nacional Rapa Nui desde el año 1935, se encuentran dispersas por toda la isla en número de más de mil.

No todas se conservan bien, claro está, aunque algunas como el Ahu Tahal, se encuentran en magníficas condiciones. Otras, como el Ahu Vinapu están tumbadas, y otras tienen una suerte de tocado en la cabeza. Tal es el caso del Ahu Te Pito Kura.

Muchas teorías se han escrito sobre el misterio de su construcción y sobre las leyendas que envuelven a la presencia y posterior desaparición de sus antiguos indígenas. De todas, las más seguidas son las de Thor Heyerdhal quien hizo una expedición a la isla en el año 1955 y basó sus hipótesis en la teoría de que sus habitantes originales eran de origen andino, frente a la gran mayoría de propuestas anteriores que pensaban en ellos como originariamente polinesios. Aquella cultura, quizás de origen preincaico, tenía sólidos conocimientos astronómicos y unas arraigadas tradiciones centenarias.

Su misterioso pasado se ha visto envuelto durante años en leyendas, en ritos y en costumbres cuyos últimos supervivientes, han contribuido, con sus historias, a engrandecer. No en vano, cualquiera de esos índigenas que hoy habitan aún la isla podrá decirte, con respecto al origen de los moais, que cada año, una luz divina se posaba en la tierra y que entonces los enormes gigantes se levantaban y caminaban, hasta posarse, para siempre, en su Madre Tierra.

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Category: Turismo e Historia en America

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