Waterloo, escenario de una batalla decisiva

[ 0 ] | Javier Gómez

waterloo

Situado a poco menos de 20 kms. de Bruselas, camino a Charleroi, se encuentra Waterloo, el que probablemente es el escenario más famoso de una batalla bélica. Allí, Napoleón Bonaparte dio las que se serían sus últimas ordenes al frente de sus tropas antes de caer derrotado ante el ejército aliado comandado por el duque de Wellington.

Al margen de una batalla perdida, no hay nada más deprimente que una batalla ganada

Fueron las palabras de Wellington cuando tras salir vencedor de la batalla dirigió su vista al inmenso campo de batalla belga donde yacían los cuerpos inertes tanto de ingleses, holandeses, prusianos y alemanes como de franceses. Aquel 18 de junio del año 1815 se firmaría una gran victoria para las tropas aliadas, pero al mismo tiempo una gran derrota para Europa. Waterloo se había convertido en uno de los campos de batalla más sangrientos y famosos que había visto hasta entonces nuestro viejo continente. Casi 47.000 muertos así lo atestiguaron.

Al regresar Napoleón de su exilio en Elba casi toda sus antiguas tropas y comandantes, con la fé ciega que los caracterizaba en su antiguo Emperador, se habían puesto nuevamente a sus ordenes. Ante la nueva amenaza que se cernía sobre los estados colindantes, se organizó una Coalición anglo-prusiana dispuesta a combatir contra Napoleón: la Séptima Coalición. Británicos, belgas, holandes y alemanes por un lago, y prusianos por otro, se unieron contra las nuevas tropas napoleónicas. Pero Napoleón consiguió llegar a París, derrocar a Luis XVIII y proclamarse Emperador por segunda vez.

El de nuevo Emperador decidió los Países Bajos donde las tropas de la Coalición se estaban reuniendo. Napoleón consiguió hacer retroceder en Quatre Bras a Wellington, mientras que en Ligny consiguió empujar en retirada a las tropas prusianas. Parecía que nuevamente la estrategia del más brillante general que ha dado la Historia volvería a imponerse. Pero la batalla decisiva sería en las estribaciones del monte Saint Jean, al sur del pueblo de Waterloo.

Sin embargo, aquel 18 de junio de 1815 parecía que incluso el tiempo alertaba de la llegada de nubes negras que se cernirían sobre los franceses. La noche anterior había llovido intensamente, de modo que aquella mañana Napoleón decidió esperar antes de atacar a que se secara un poco el campo de batalla. A mediodía comenzó a bombardear con la artillería y después lanzó a su infantería a la carga. Por último, fue su caballería la que atacó a los británicos. Éstos estuvieron apoyados en todo momento, en su falnco izquierdo, por los prusianos y consiguieron resistir en Hougoumont y en La Haye Sainte, donde inflingieron severos daños a las tropas napoleónicas y, sobre todo, a su caballería, hasta que finalmente el mariscal Blücher maniobró directamente contra los franceses por su ala.

Napoleón se defendió ante los prusianos con su guardia imperial, su facción del ejército más experimentada, pero poco a poco se vieron superados por los prusianos. Cuando más se debilitaban, los británicos se recompusieron y formaron un frente de mosquetes con el que batieron a la guardia imperial. El frente francés cayó estrepitosamente y tuvo que comenzar a replegarse hasta el último bastión en el campo de batalla, La Belle Alliance, cuartel de Napoleón Bonaparte. Debilitados, poco más pudieron resistir y finalmente hubieron de abandonar Waterloo en dirección a Francia dejando atrás toda la artillería. A las 21 h. de aquel 18 de junio de 1815, Wellington y Blücher, comandantes aliados, firmaron el final de la batalla en el propio cuartel de Napoleón.

Del resto, todos conocemos la Historia. Los aliados entraron en Francia; von Blücher tomó Versalles y, finalmente, el 8 de julio, el rey Luis XVIII fue restituido en el trono francés mientras Napoleón acabaría por rendirse el día 10 y ser exiliado a Santa Helena el 26 de julio de aquel 1815.

Hoy día, Waterloo y su campo de batalla se han convertido en un destino frecuente para quienes gustan de revivir la Historia en sus viajes. Allí hay un centro de Visitantes que rememora aquella cruenta batalla. Allí os informarán de las diferentes rutas que hay e incluso hacen una recreación, hora a hora, de lo sucedido en aquel trágico día.

La Colina del Leon de Waterloo

Hay varios lugares que no debéis perderos:

La colina del León: presidiendo el campo de batalla, sobre una colina, se erigió el famoso León de Waterloo en memoria de todos los soldados caidos en aquel conbate. Sí, hay que subir casi 300 escalones para llegar arriba, pero la vista general que tendréis de aquel campo será magnífica.

El Museo de Wellington: está dentro del pueblo, en Waterloo, en la casa donde estuvo alojado el duque y también hay una representación de lo que ocurrió aquel día, pero desde el punto de vista aliado. Allí hay mapas de aquella batalla, trajes, armas…

El Museo de Napoleón: está en las afueras de Waterloo, en Vieux-Genappe, donde el emperador pasó la última noche antes de la batalla.

El Museo de Cera, en Waterloo, donde se han inmortalizado a todos los personajes históricos de aquel día.

El Mirador Panorama, en frente del Museo de Cera, otra suerte de museo con ropa original de la batalla, con imágenes de los campamentos aliados, con la música que se podía oir en ambos campamentos…

Waterloo vive por esta batalla. Sus ingresos provienen del mucho turismo que se acerca a este municipio de 30.000 habitantes que continuamente hacen representaciones perfectas de aquella batalla a la que hoy podéis asistir con la tranquilidad de que en ellas no se derrama una gota de sangre pero que os dará a conocer uno de los episodios más apasionantes de la reciente Historia de Europa.

Os dejo una serie de enlaces que espero os sean útiles:

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Category: Turismo e Historia en Europa

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